
Pablo Mardones M.
La responsabilidad corporativa, reactivación de la moral, el culto al cuerpo, revitalización de los valores, la integración de la familia en la escuela, todo esto podría hablarnos de una cultura que se preocupa por las personas. Como señala Gilles Lipovetsky en su libro El Crepúsculo del Deber, “la cultura nos refuerza la importancia de cuidar nuestro entorno, nos aconseja sobre nuestras relaciones interpersonales”.
Pareciera que la calidad de vida de las personas podría verse desde el prisma de un “deber ser social”, el cual tiende a darnos las directrices de cómo debemos ser felices, de cómo debemos mejorar nuestra calidad de vida. Sin embargo, ¿qué tanto de nuestra calidad de vida tiene relación con este deber ser o con cada uno de nosotros?
Entendemos que todos pasamos por diferentes situaciones, las cuales nos hacen ver la vida de una u otra forma y que este prisma de realidad se plasma en nuestro quehacer cotidiano. Plasmamos nuestras relaciones al interior de nuestro trabajo, en función de nuestras experiencias, y esto influye directamente en nuestra calidad de vida laboral. Sin embargo, podemos poner el control en los demás, en aspectos externos o buscar herramientas internas que nos permitan mejorar nuestra calidad de vida.
Cuando significamos las cosas que nos pasan desde adentro hacia afuera, desde nosotros hacia los otros y desde ahí utilizamos herramientas que nos permitan tener una mejor calidad de vida, estamos poniendo el control en lo que podemos aprender al respecto, en utilizar estos aprendizajes para mejorar nuestra vida laboral y cotidiana.
Nuestra organización existe bajo la visión de mejorar la calidad de vida de las personas en las organizaciones. Pensamos que la capacitación debe centrarse tanto en la forma o metodología como en el contenido. Queremos mejorar la entrega de herramientas para que las personas puedan sortear de mejor forma los obstáculos de su vida laboral y personal, y con esto puedan generar su propio contexto de bienestar. Sin duda esto implica la utilización de nuevas tecnologías que se orienten a potenciar aspectos creativos de las personas.
Cuando se despierta la creatividad en cada uno de nosotros, estamos trabajando desde lo más profundo de nuestro ser, lo cual se vincula directamente con nuestra emoción y esta con nuestro compromiso o pasión por lo que estamos haciendo. Esto es lo que va generando un aprendizaje significativo en nosotros, el desarrollo de aspectos creativos internos, donde exploramos herramientas que nos son entregadas en un momento o tiempo determinado.
La metodología es la forma, el camino para liberar toda nuestra creatividad. Tom Peters en su libro ¡Re-Imagina! nos dice que “la formación en creatividad es importante, en general, pero es absolutamente esencial en esta era de intangibles y de capital intelectual”.
Por otra parte nuestro contexto cambiante, demanda personas que sean creativas, que sepan utilizar lo aprendido y aplicarlo en su cotidianidad. Ya no sirve la metodología del monólogo en la cual los alumnos deben memorizar lo que el profesor les dice.
La educación de hoy requiere hacer que los alumnos vivan una experiencia de aprendizaje, ya que el aprendizaje real es un aprendizaje apasionado.
En este sentido, ponemos a disposición como empresa, contenidos contingentes y una metodología que despierte la creatividad, la pasión por aprender, la cual debe apuntar a ser una herramienta para que cada persona pueda desarrollarla en función de su calidad de vida.
Pablo Mardones M.
Director Latitud Sur